El Periódico de Catalunya
Una de las nuevas normas de la ordenanza de circulación de peatones y vehículos permite a los ciclistas hacer uso de los carriles bus que miden más de 3,5 metros de ancho. […] Sencillamente no existen en Barcelona carriles bus de tal amplitud por lo que, en teoría, ninguno de ellos podrá ser utilizado por la bicicleta en cuanto la ordenanza se comience a aplicar.
![[imagen: carriles bus barna]](http://i3.photobucket.com/albums/y99/bicilibre/co2/prensa/98f8a9e4.png)
Ancho de algunos carriles-bus en Barcelona. [ampliar imagen].
Con la cinta métrica en mano se puede constatar que en buena parte de las aceras de la ciudad, también en las del Eixample, el mobiliario urbano, las motos y otros obstáculos reducen el espacio para el peatón a menos de tres metros, por lo que esas aceras están vetadas a los ciclistas, a no ser que bajen continuamente de la bici.
![[imagen: aceras barna]](http://i3.photobucket.com/albums/y99/bicilibre/co2/prensa/aceras_barna.png)
el ayuntamiento incumple incluso sus propias normas, porque trazó hace años ya un carril bici en zonas donde el peatón a veces ni dispone de un metro de espacio.
La promulgación de normas imposibles de cumplir parece una costumbre muy española, y a la vez muy práctica: sirve para que nada cambie, pero para que el autoritarismo avance… El único efecto neto que va a tener la absurda normativa del Ayuntamiento de Barcelona (con la complicidad de los colectivos ciclistas de allí) es que los ciclistas van a seguir intentando circular por la acera, los peatones van a seguir sufriendolos, los policías van a tener la potestad de multarles cuando les venga en gana, y los automovilistas van a seguir creyendo que la calzada es de ellos.
Y la única razón de toda la barroca normativa es que ni el Ayuntamiento ni los colectivos ciclistas tienen las agallas necesarias para decir públicamente lo único que abriría el camino para resolver la situación:
Las bicis son vehículos,
el lugar para circular con ellas es la calzada,
y los ciclistas deben circular con las mismas normas
que los usuarios de los otros vehículos.
Problema resuelto, para todos: la normativa se hace innecesaria, los peatones estarán tranquilos, los ciclistas estarán más seguros, y el espacio invadido por los automóviles comenza a ser, por fin, recuperado por cada bici que pasa.
Hasta que el Ayuntamiento y los grupos ciclistas reunan el coraje de decir lo evidente, hay un modo muy simple, al alcance de cada ciclista, de evitar todos los problemas creados por esas normas y de empezar de verdad a transformar a la ciudad: circular con la bici vehicularmente por la calzada.